El proyecto de LA PÉRDIDA tiene su origen en la Navidad
de 2001 cuando Argentina se vio abocada a la mayor crisis de su historia, sin
presidente (huido en helicóptero desde la Casa Rosada), en bancarrota, con los
ahorros de los argentinos congelados y las calles de Buenos Aires y las de las
principales capitales tomadas por decenas de miles de ciudadanos que pedían a
gritos justicia y soluciones. Yo estaba allí. No entendía cómo uno de los países
más ricos del mundo hasta casi los años 60 había podido caer tan bajo hasta llegar
a una auténtica ruina económica, social, política y moral. Mi hermano Carmelo,
entonces representante de Naciones Unidas en Argentina me dio la clave: "Aquí
falta gran parte de una generación necesaria para reconstruir el país".
Cruzando el Atlántico, de regreso a Madrid, se me ocurrió que podría ser interesante
contar qué fue de esa generación ausente, siguiendo el rastro de algunos de sus
miembros más ilustres. Me hubiera gustado hacerlo con mis compatriotas que se
tuvieron que ir de España en 1936, pero, por edad, llegaba un poco tarde. Veía
aquello como una película documental y me ensoñé con hacerla.
Dos días después, en Madrid, recibía la llamada de Enrique Gabriel. Le conté que
venía de su país de origen y de la situación que había visto allí. Cuando justamente
comenzaba a hablarle de mi proyecto me dijo que él también andaba dándole vueltas
a una película sobre la historia reciente de su país. "Si quieras podemos juntar
proyectos; yo traigo ya unas notas que he escrito en el avión", le dije. "Si quieres
nos juntamos y ves lo que tengo yo preparado", me respondió. Una semana después,
era 2002, pusimos en marcha un proyecto conjunto que iba a llamarse LA GENERACIÓN
AUSENTE.
Un proyecto que ha significado muchas horas de trabajo en siete largos años, viajes, ilusiones, zozobras y dudas. Muchas dudas y debate entre Enrique y yo sobre lo que queríamos contar y el tono más adecuado.
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